Electrosensibles en los colegios - WiFi en las escuelas...
La
electrosensibilidad:
Forma
parte de las nuevas enfermedades surgidas en el seno de las sociedades
desarrolladas. Se trata de una enfermedad notoria recurrente provocada
por la exposición a campos electromagnéticos.
Ser eléctricamente sensible
significa poseer un conjunto de síntomas (dolor de cabeza, cansancio
crónico, dificultad para dormir...) que se activan o se intensifican al
encontrarse cerca de aparatos eléctricos, transformadores, antenas de
telefonía móvil y/u otras fuentes
de
radiaciones. Sin embargo, la persona afectada no aparenta tener problema
alguno mientras no se exponga a los campos eléctricos. Toda
enfermedad recurrente que sea producida por radiaciones, y que disminuya o
desaparezca cuando uno se aleja de la fuente que los genera, constituye un
caso de hipersensibilidad eléctrica.
El también
llamado Síndrome de las Microondas, afecta sobretodo, a personas con el
sistema inmunitario debilitado, o en fase de desarrollo (ancianos,
enfermos, niños…) aunque cualquier persona con buen estado de salud puede
llegar a padecerla si su exposición a las radiaciones se hace intensa y
prolongada. Cursa con síntomas de insomnio, cansancio o irritabilidad. No
es mortal, aunque puede acabar degenerando en enfermedades como el cáncer
así como provocar diversos trastornos neurológicos en caso de no reducir
la exposición.
En una resolución de 2 de abril del 2009 el Parlamento Europeo pidió a los
estados miembros: “que sigan el ejemplo de Suecia y reconozcan como una
discapacidad la hipersensibilidad eléctrica a fin de garantizar una
protección adecuada e igualdad de oportunidades a las personas que la
sufren”.
¿Y qué es la electrosensibilidad?
Pues una hipersensibilidad a los campos electromagnéticos que lleva a la
persona a enfermar. Y si bien hay países como Suecia donde ya está
reconocida como enfermedad en España no es así; aquí las personas que la
sufren suelen ser derivadas ¡al psiquiatra! Cuando son cada vez más las
personas que padecen el problema. Y eso incluye a quienes trabajan en las
escuelas, tanto al personal escolar como a los niños. Es el caso de Miquel
Roselló que trabajaba como profesor en un instituto de Tarragona hasta
hace poco y ahora está de baja laboral diagnosticado de
electrosensibilidad.
Simplemente se había trasladado de un colegio que no tenía WiFi a otro que
sí lo tenía y al año y medio comenzó a notar buena parte de los síntomas
propios de las personas con hipersensibilidad a los campos
electromagnéticos:
“Sufría nerviosismo, agitación, arritmias, insomnio, embotamiento,
malestar, irritabilidad, cefaleas, cansancio… Todo ello al mismo tiempo y
sin motivo aparente. En clase notaba el aire cargado, como denso. En los
periodos de vacaciones, cuando ya no estaba en el aula, me recuperaba. Al
comienzo del curso 2009/2010, unos días antes de que empezaran las clases,
me encontraba en el aula preparando la inauguración del ciclo y comencé de
nuevo a encontrarme mal, con los mismos síntomas. Cuando yo soy una
persona sana, vivo a las afueras en un pueblo en pleno campo en el que no
hay radiaciones, cuido mi salud física y mental, me encanta mi trabajo en
el colegio y me llevaba bien con mis compañeros. Y todo eso lo he tenido
que dejar por la electrosensibilidad que muestro ante las ondas; ante las
WiFi en particular pero también ante todos los campos electromagnéticos de
cierta intensidad en general”.
La mujer de Roselló, que también cuida su salud de la misma manera e
igualmente es profesora –en este caso de Inglés en una escuela oficial de
idiomas- tenía los mismos síntomas pero en cuanto en su centro optaron por
instalar cable -gracias a su recomendación- dejó de sufrirlos. Suele
notarlos, eso sí, cuando se traslada a la casa de algún amigo o familiar
que tiene conexión WiFi.
“Tenemos la suerte –me diría Roselló- de disponer de un médico de
cabecera, Miguel Solans Ezquerra, muy sensible a estos temas –al punto de
que hoy tiene sus propios aparatos de medición- al que al principio le
costaba un poco entender mi problema pero hoy lo tiene muy claro y lo
reconoce abiertamente”.
Hablamos de un maestro que hoy tiene varios informes médicos que reconocen
su padecer siendo quizás el más significativo el firmado por la doctora
María Pérez:
“Se ha detectado en el señor Miquel Roselló –a través de pruebas de
biorresonancia-moraterapia- la presencia en muy alta intensidad de campos
geopáticos de origen fundamentalmente de altas frecuencias (3.000-5.000
GHz) y radiofonía móvil, y otros aparatos con dicho mecanismo (como
ordenadores en red tipo WiFi) así como cargas electrostáticas ambientales,
etc, sometiendo al organismo, sobre todo a nivel del sistema nervioso, a
un estrés importante”, manifiesta la doctora en el informe.
Un diagnóstico que continúa con la mención de los síntomas del paciente
relacionados con la electrosensibilidad y donde se le recomienda evitar el
contacto con las radiaciones electromagnéticas. Pude hablar con la doctora
Pérez y le pregunté a qué se debe que en España tan pocos médicos
diagnostiquen los problemas de electrosensibilidad:
“Hace al menos doce años que yo vengo advirtiendo de los peligros en la
salud de los campos electromagnéticos, diagnóstico que establezco a través
de la terapia de biorresonancia ‘Mora’. Evidentemente es una forma de
diagnóstico que por desgracia está aún fuera de los circuitos de la
medicina convencional y ello dificulta su expansión; sin embargo hablamos
de un problema que no es posible valorar con una analítica clásica o una
radiografía porque su impacto es a nivel ‘cuántico’, a nivel molecular, y
eso no hay máquina de las que se utilizan convencionalmente que pueda
detectarlo”, me contestaría.
La doctora Pérez añadiría que hoy la mayoría de las personas a las que
valora su estado con el Mora presentan bloqueos por campos
electromagnéticos -de diferente origen- que repercuten en diversas zonas
del organismo. Depende de cada persona pues su sensibilidad varía mucho de
una otra.
“Lo interesante en cualquier caso -añadiría- es poder hacer el diagnóstico
mientras el organismo aún cuenta con fuerza para recuperarse pues eso
permite prevenir patologías degenerativas que es lo más importante”.
Pero si bien el profesor Roselló ha decidido hablar y contar su
experiencia existen otros muchos colegas en situaciones similares que
tienen “miedo” a explicar lo que les pasa porque temen una posible
“reacción adversa” del establishment educativo. Es el caso de otra maestra
en circunstancias parecidas, A., profesora de 2º de Primaria –da clases a
niños de siete años de edad- en un colegio de un pueblo de Guipúzcoa que
prefiere que silenciemos su nombre y apellido:
“Suelo tener –me diría- dolor de cabeza, picor, escozor intenso en la
coronilla, picores por el cuerpo -sobre todo en los ojos-, cansancio
constante y, a veces, hasta sensación de no poder tenerme en pie además de
peso en la cabeza. El médico se limitó a recomendarme que tomara una
aspirina. No estoy pues de baja y procuro aguantar. Afortunadamente hoy
tengo dos dispositivos que neutralizan un poco los efectos del WiFi”
Le pregunté si cree que puede estar afectando a los niños a los que da
clases el WiFi instalado en las aulas respondería:
“Sí. Veo a los críos en clase más inquietos, más nerviosos, más
impacientes y con dificultades para concentrarse y poner atención”.
En Sevilla tres profesores que pidieron igualmente permanecer en el
anonimato intentan en la actualidad que en sus colegios no se instale WiFi
sino cable porque todos ellos sufren electrosensibilidad en grados
diferentes, en un caso ya oficialmente diagnosticado. Uno de ellos nos
contaría que es diabético y que las ondas electromagnéticas le “disparan”
el índice glucémico. Una posibilidad que atestigua por cierto el trabajo
La electricidad “sucia” sube los niveles de glucosa en diabéticos
electrosensibles y podría explicar la diabetes voluble que se publicó en
Electromagnetic Biology and Medicine en 2008 (se llama “diabetes voluble”
a la de tipo I que se descontrola sin que oficialmente se sepa por qué).
Se trata de un maestro que durante diez años vivió cerca de una antena de
telefonía móvil y al que se le detectan niveles de 20 microwatios en el
cuerpo. Licenciado en Química Industrial hoy da clases en un colegio donde
también hubo WiFi pero consiguió que lo quitasen… no sin un duro y
desagradable enfrentamiento.
L. vivió durante ocho años con su familia en una zona alta de Sevilla en
la que por sus características geográficas se congregan una gran cantidad
de antenas de telefonía, radio o televisión. Farmacéutico de profesión y
profesor en un colegio sevillano, además de insomnio, stress, alergias,
dolores de cabeza en él y en toda su familia, y otros males que luego
comprobó que afectan a buena parte del vecindario, sufre una altísima
tensión ocular que sólo le desaparece cuando se aleja de focos de
contaminación electromagnética, algo que ha certificado su oculista que
puede estar relacionado con estos campos contaminantes. Se trasladó de
barrio pero en el instituto donde da clases el WiFi lleva instalado dos
años.
Obviamente la aparición de casos de profesores de instituto con síntomas
de hipersensibilidad a las radiaciones electromagnéticas va cada día a más
y los que lo reconocen son sólo la punta de un iceberg que sin duda se
dará a conocer en su verdadera dimensión en los próximos años. Solo que el
problema principal lo constituyen los niños porque, ¿cuántos de ellos han
sido y están siendo afectados por las radiaciones electromagnéticas sin
que sus padres, profesores y médicos perciban que la causa de sus
problemas mentales, emocionales y físicos se deben a ellos?
Afectados
por la electrosensibilidad y el WIFI en los colegios...
"...El
gobierno oculto está permitiendo liberar y publicar toda la
información, sobre sus actos y planes, a través de ciertas personas
(conscientes o no). Su pretensión es tenernos aún más asustados..."
"...Si
vamos a difundir noticias inquietantes, hagámoslo con Amor.
Teniendo la certeza absoluta de que la Luz, muy pronto, brillará entre
las tinieblas. Borrando para siempre la ignorancia a la que nos tienen
sometidos..."
Somos
Luz y Amor. No permitamos que nos oscurezcan.
GRACIAS
A TODOS POR SER LA LLAMA EN LA OSCURIDAD...