¿QUÉ ES LA TASA TOBIN? ¿QUE ES LA TASA SPAHN?
¿Porqué el Banco Central Europeo - BCE se niega a admitir estas
tasas?
Se
niega porque implicaría que deberían pagar un tanto por ciento (0,01%)
sobre cualquier transacción financiera, y un 50% en el caso de ataques
especulativos sobre una moneda.
La entrada en vigor de estos impuestos podrían suponer, en toda Europa,
unos ingresos próximos a los 195.000 millones de euros. En España podrían
llegar a captarse más de 6.000 millones de euros.
Al día de hoy no existen impuestos sobre estas transacciones, y las
entidades financieras (bancos, empresas, especuladores...) están
arruinando los países. Para mas "inri", estos mismos sinvergüenzas,
presionan y obligan a los políticos de cada país a que cambien las
Constituciones nacionales para que no tengan trabas a la hora de saquear
las arcas públicas. Y los políticos acceden, a estas modificaciones
soberanas, a cambio de inmunidad y riquezas ¡Vergonzoso!
La UE debate un impuesto a las transacciones
El
11 de marzo de 2002 murió el economista norteamericano James Tobin,
laureado con el Premio Nobel en 1981. Durante décadas, Tobin fue un
especialista reconocido entre sus pares. Profesor en Yale y Harvard y
miembro del Consejo de Gobierno de la Reserva Federal de Estados Unidos.
Sin embargo, hacia el final de su vida, se convirtió también, y para su
disgusto, en una referencia para el movimiento antiglobalización.
¿Qué es la Tasa Tobin?
En la actualidad se llama –incorrectamente- Tasa Tobin a la propuesta
de un gravamen sobre las Transacciones Financieras Internacionales. Una
especie de impuesto o comisión añadida sobre todo movimiento, bien de
compraventa de bonos o de contratos sobre derivados financieros.
Sin
embargo, la Tasa Tobin original, la propuesta por el Nobel, se remonta a
principios de los años 70 y consistía en una "comisión" sobre los
movimientos especulativos de divisas. Únicamente de divisas. La razón es
sencilla: en 1971, el presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, acabó
de un plumazo con la convertibilidad del oro/dólar, revolucionando el
modelo monetario surgido de Bretton Woods en 1944.
Para evitar especulaciones sobre las divisas y potenciar la
estabilidad, el profesor sugirió "arrojar algunos granos de arena en los
engranajes de las finanzas internacionales". Es decir, desincentivar
movimientos destinados a ganar dinero con las fluctuaciones de los tipos
de cambio.
¿Por qué se transformó su idea original?
La crisis de finales de los años 90 del siglo pasado dio alas al
llamado Movimiento Antiglobalización, que tuvo su momento álgido en las
manifestaciones contra la cumbre de la Organización Mundial del Consumo de
noviembre de 1999 en Seattle (EEUU) y en el Foro Social Mundial de Porto
Alegre (Brasil) de 2001.
En
diciembre de 1997, la revista francesa de izquierdas 'Le Monde
Diplomatique', dirigida por el español Ignacio Ramonet, dedicó un
editorial que tuvo mucho éxito al tema, proponiendo aplica de forma
inmediata una Tasa Tobin a las transacciones financieras.
"La libertad total de circulación de capitales desestabiliza a la
democracia. Por ello es importante poner en marcha mecanismos disuasorios.
Uno de ellos es la Tasa Tobin (...) Se trata de gravar, de forma módica,
todas las transacciones sobre los mercados de cambios para estabilizarlos
y al mismo tiempo para procurar ingresos a la comunidad internacional. Con
un nivel del 0,1%, la tasa Tobin lograría anualmente unos 166.000 millones
de dólares, dos veces más que la suma anual necesaria para erradicar la
pobreza extremada de aquí al comienzo del próximo siglo", decía la
publicación.
La propuesta cuajó y, seis meses después, se creó ATTAC (Association
for the Taxation of Financial Transactions and for Citizens' Action), un
grupo muy activo que hoy en día sigue persiguiendo los mismos objetivos.
Ahora mismo, la misma idea, con diferentes nombres, se promueve desde
diferentes países. En Reino Unido es la Robin Hood Tax. En Alemania, la 'Steuer
gegen Armut' (impuesto contra la pobreza). En Italia, el movimiento
Zerozerocinque (cero cero cinco). Y en España, la Tasa Robin Hood.
Tobin, antes de fallecer, señaló en retiradas ocasiones que Attac y
otros "abusaban de su nombre", señalando el uso espurio de su idea y
recordando que, como economista, él era favorable al FMI o al Banco
Mundial.
¿Hay otras ideas similares?
En 2004, Bélgica aprobó una ley 'inspirada' sobre la llamada Tasa Spahn,
por el economista Paul Bernd Spahn, que la propuso en 1995 y la revisó
poco después.
Spahn pensaba que la Tasa Tobin era de difícil aplicación, por lo que
sugirió un impuesto en dos partes: una tasa mínima sobre las operaciones
de cambio de divisas (0,01%) pero que se combinaría con otra mucho más
severa (por encima del 50%) ante evidentes ataques especulativos sobre una
moneda.
El 16 de septiembre de 1992 fue el famoso "miércoles negro" en
Inglaterra, cuando George Soros, ahora gurú, convirtió 10.000 millones de
libras esterlinas a marcos alemanes para volver a revenderlos. Ganando más
de 1.000 millones de dólares y sacando a la moneda británica del sistema
monetario europeo (SME).
Bélgica llegó a enviar su propuesta a Fráncfort para su estudio, pero
el Banco Central Europeo, pese a reconocer "las buenas intenciones" de la
propuesta belga se pronunció en contra, tildándola de "altamente
cuestionable".
¿Qué cuantía podría tener una tasa sobre las transacciones?
No hay opinión firme al respecto. James Tobin no tenía en mente una
cantidad concreta. A veces habló del 0,1% y otras, del 0,5%, pero en
términos imprecisos. En 1978, en un discurso titulado 'Una propuesta de
reforma monetaria internacional', indicó que la tasa sería "proporcional
al volumen de la transacción".
El pasado otoño, la UE explicó que baraja un tipo del 0,1% sobre las
transacciones financieras que impliquen la compraventa de acciones o de
bonos y del 0,01% si es sobre derivados financieros.
¿Cuánto recaudaría esta medida?
Algirdas Semeta, comisario europeo de Fiscalidad y Unión Aduanera,
calcula que con estos tipos se recaudarían, a partir de 2014, unos 57.000
millones de euros anuales, que serían compartidos por el presupuesto
europeo y los de los diferentes países de la UE.
Un estudio de la Fundación Ideas (ligada al PSOE) del año 2010,
dirigido por el Nobel Joseph Stiglitz, calculó que con la introducción de
la tasa, con un tipo impositivo del 0,05% y sin reducción de volúmenes de
contratación, España recaudaría cada año 6.300 millones de euros. Europa,
586.000 millones y todo el planeta más de 1,3 billones.
"Si atendemos a los efectos para España, puede observarse que, aun con
una reducción del 65% del volumen de contratación, podrían recaudarse
hasta 2.200 millones de euros. En comparación con los ingresos potenciales
en el resto del mundo, parece un importe menor, lo cual se debe al tamaño
reducido de los mercados financieros en España», señala el informe (página
61).
ATTAC considera que "puede suponer en toda Europa unos ingresos próximo
s a los 195.000 millones de euros. En España podrían llegar a captarse más
de 6.000 millones de euros".
Para Oxfam, "un impuesto del 0,05% a las transacciones financieras
internacionales permitiría recaudar 300.000 millones de euros anuales
adicionales para combatir la pobreza, aquí y en todo el mundo".
¿Es realmente factible algo así?
Dejando de lado su eficacia, una de las críticas más recurrentes a este
tipo de impuestos es que, en realidad, sería difícil llevarlos a la
práctica, puesto que las grandes corporaciones harían lo imposible por
encontrar fórmulas fiscales que les ayudaran a esquivarlas. Como por
ejemplo, cerrar sus acuerdos en lugares (paraísos fiscales) más seguros.
Hace algo más de dos años, cuando el debate recurrente de la Tasa Tobin
volvía a estar de moda, Paul Krugman, desdeñó la mayor, señalando que
"aunque los 'traders' están por todo el mundo, la mayoría de sus
operaciones se localizan -es decir, el pago se hac - en una sola
institución con sede en Londres".
Aswath Damodaran, profesor de Finanzas en la Stern School of Business
de la Universidad de Nueva York, cree que la cosa no es tan fácil y da
cuatro motivos. En primer lugar, porque hay una inconsistencia de base en
el razonamiento de los críticos.
¿Cuál es el objetivo de gravar las transacciones financieras? ¿Aumentar
los ingresos o castigar a los 'malvados' especuladores? Si es lo segundo,
y funciona, en realidad se dejaría de ingresar ese dinero, porque las
operaciones disminuirían. Los políticos deberían, en primer lugar,
aclararlo.
En segundo lugar, porque la diferencia entre especulador e inversor no
está nada clara. ¿Quién es capaz de definir con precisión la diferencia,
si hay?
El tercer punto es que los costes sobre la liquidez del sistema serían
notables. Algo similar a lo que ha ocurrido en los mercados tras la
prohibición de las ventas a corto ('short selling'), como han señalado
Alesandro Beber y Marco Pagano tras estudiar datos de 30 países.
Y el último, respondiendo a Krugman, es que aunque hoy en día los
movimientos estén concentrados, si se cambiara la legislación, cambiaría
la forma de proceder, y algún país rompería el equilibrio favoreciendo
operaciones sin tasas.
El FMI, en la época de Dominique Strauss-Kahn era de este mismo
parecer: la tecnología actual y los sofisticados mecanismos existentes
favorecerían a los que trataran de evitarlo.
Por si fuera poco. ¿Quién recaudaría ese dinero? El propio Tobin
sugirió que lo administrara el FMI o el Banco Mundial, pero esa parte de
la historia se recuerda poco
¿Qué opinan las autoridades europeas?
Desde hace dos décadas, diferentes países han pensando e incluso (como
Suecia en diferentes etapas) aplicado algún tipo de gravamen a ciertas
transacciones, pero la idea todavía no se ha traducido nunca en un
movimiento generalizado. Por la oposición de políticos, los mercados, pero
también de muchos economistas que consideran que el daño al flujo de
capital sería más dañino que los beneficios fiscales aportados. Es lo que
ocurrió en Suecia a finales de los 80, cuando las tasas provocaron una
fuga de capitales.
Sin embargo, en los últimos meses, el presidente francés, Nicolas
Sarkozy, ha movido cielo y tierra para convencer a sus socios europeos de
la necesidad imperiosa de introducirlo. Curiosamente, los socialistas
franceses de mediados de los 90 ya incluían en sus programas electorales
propuestas muy similares.
El 28 de septiembre de 2011, la Comisión Europea aprobó el proyecto
para crear un "impuesto sobre las transacciones financieras". Según dijo
el presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, "ha llegado la
hora de que el sector financiero devuelva a la sociedad parte de la
contribución que ha recibido".
Alemania y Francia lideran la propuesta, que cuenta con la oposición
frontal y combativa del Reino Unido. Este mismo mes, Mariano Rajoy
anunció, durante la visita del jefe de Estado galo a nuestro país, que
estaba a favor de la tasa.
¿Quién se opone?
Se oponen a la medida empresas, bancos, banca de inversión, 'hedge
funds' y otro tipo de inversores. Jean-Claude Trichet, ex presdiente del
BCE, dijo cuando era Gobernador del Banco Central de Francia que la idea
"tenía más inconvenientes que ventajas". El primer ministro británico,
David Cameron, es el líder político que más pegas está poniendo, porque
considera que el Reino Unido se vería especialmente penalizado.
En realidad, el Reino Unido ya tiene una tasa peculiar. Desde 1808 el
Reino Unido cuenta con la llamada 'Stamp Duty Reserv Tax', que grava con
un 0,5% (hasta los años 80 llegó a estar en el 2%) la compraventa de
acciones.
Aunque hay formas de evitar el pago y no afecta a todo el mundo, cuando
a finales de 2009 se retomó en la UE el debate sobre este tipo de medidas,
Xavier Rolet, presidente del London Stock Exchange, señaló ante el
Parlamento Europeo que la existencia de Stamp Duty es profundamente nociva
para la economía británica.
Con datos del UK Institute of Fiscal Studies, explicó que la Stamp Duty
limita "la rotación de las acciones en un 20%" y que, reducir el tipo a la
mitad, serviría para disparar el precio de los títulos un 6,25%.
Un informe de 2007 elaborado por Oxera concluye que si bien en
"2005-2006 la Stamp Duty generó 3.000 millones de libras para el Tesoro
británico, no se trata de un impuesto 'indoloro', simplemente pagados por
los ricos y por las instituciones sin rostro de la City. En realidad,
tiene un efecto dañino sobre toda la economía y sobre todos los grupos de
ingresos, un efecto que supera con creces los ingresos que genera, por lo
que debe ser reevaluada. El impuesto está dañando las pensiones y los
ahorros de los ciudadanos".