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¿Qué pasa después de la muerte?
Todos estamos preocupados por el otro lado. No sabemos
si nuestra conciencia continuará después de la muerte, o si se
extinguirá y dejaremos de existir para siempre.
La muerte física no es más que el cambio hacia otro estado de vibración
universal. Aunque muramos, nuestra conciencia permanecerá mucho tiempo
o no permanecerá, todo depende del grado de atención y compromiso
espiritual con "el otro lado" que deseemos poner en esta vida que
vivimos ahora, en estos instantes.
Decía
la tradición Tolteca que El Águila -Dios- nos permite mantener la
conciencia después de muertos, si le hemos entregado mediante la
Recapitulación, una "copia" de nuestra vida. La recapitulación es un
acto mágico, por el cual, recordamos y respiramos todos los episodios
de nuestra existencia en este mundo. De este modo nuestro huevo
luminoso pasa integro -con todas sus fibras luminosas- por el pico del
Águila.
Existen escrituras sagradas, de fuentes muy fiables, que pueden
aclararnos algo el trance de la muerte. Os adjunto parte de estos
escritos.
En estos escritos, a continuación, aparece la figura del Ajustador de Pensamiento.
Es un ser de Luz conectado con el Padre Creador, que nos otorga la
facultad de conectar con el espíritu. Esta entidad es el "puente" entre
Dios y nosotros. Nos da el aliento del Amor y permanece a nuestro lado
casi por siempre.
Luz para todos.
EL FENÓMENO DE LA MUERTE
Los terrestres solamente reconocen, de manera general, un solo tipo de
muerte, el cese físico de las energías vitales; pero en lo que respecta
a la supervivencia de la personalidad, existen en realidad tres tipos
de muerte:
La muerte espiritual (del alma). Si el hombre mortal rechaza la
supervivencia y la ha rechazado definitivamente; cuando ha sido
declarado espiritualmente insolvente y morontialmente fallido según la
opinión conjunta del Ajustador y del serafín sobreviviente; cuando este
dictamen coordinado ha sido registrado en Uversa, y después que los
Censores y sus asociados reflectivos han verificado estas conclusiones,
los gobernantes de Orvontón ordenan la liberación inmediata del Monitor
interior. Pero esta liberación del Ajustador no afecta de ninguna
manera a los deberes del serafín personal o colectivo que se ocupa del
individuo abandonado por el Ajustador. Este tipo de muerte tiene un
significado definitivo, a pesar de la continuación temporal de las
energías vivientes de los mecanismos físicos y mentales. Desde el punto
de vista cósmico, el interesado ya está muerto. La continuación de su
vida indica simplemente la persistencia de la fuerza material de las
energías cósmicas.
La
muerte intelectual (de la mente). Cuando los circuitos vitales del
ministerio ayudante superior se rompen a causa de las aberraciones del
intelecto, o por la destrucción parcial del mecanismo cerebral, y si
estas condiciones sobrepasan cierto punto crítico, volviéndose
irreparables, el Ajustador interior es liberado inmediatamente y parte
hacia Divinington. En los registros universales, se considera que una
personalidad mortal ha encontrado la muerte cuando los circuitos
mentales esenciales de la acción volitiva humana han sido destruidos. Y
esto es también la muerte, independientemente de que el mecanismo
viviente del cuerpo físico continúe funcionando. El cuerpo menos la
mente volitiva ya no es humano, pero el alma de dicho individuo puede
sobrevivir; todo depende de la elección anterior de su voluntad humana.
La muerte física (del cuerpo y de la mente). Cuando la muerte alcanza a
un ser humano, el Ajustador permanece en la ciudadela de la mente hasta
que ésta deja de funcionar como mecanismo inteligente, más o menos
hasta el momento en que las energías mensurables del cerebro detienen
sus pulsaciones rítmicas vitales. Después de esta disolución, el
Ajustador se despide de la mente en vías de desaparecer, con tan poca
ceremonia como había entrado en ella años atrás, y se dirige a
Divinington pasando por Uversa.
Después de la muerte, el cuerpo material vuelve al mundo elemental del
cual provenía, pero dos factores no materiales de la personalidad
sobreviviente persisten: en primer lugar, el Ajustador del Pensamiento
preexistente, con la transcripción de la memoria de la carrera mortal,
se dirige a Divinington; en segundo lugar, el alma morontial inmortal
del humano fallecido permanece bajo la custodia del guardián del
destino. Estas fases y aspectos del alma, estas fórmulas de identidad
anteriormente dinámicas y ahora estáticas, son esenciales para la
repersonalización en los mundos morontiales; es la reunión del
Ajustador y del alma lo que reconstituye la personalidad sobreviviente,
lo que os vuelve conscientes en el momento del despertar morontial.
Para los que no tienen guardianes seráficos personales, los custodios
colectivos efectúan fiel y eficazmente el mismo servicio de
salvaguardia de la identidad y de resurrección de la personalidad. Los
serafines son indispensables para reconstituir la personalidad.
En el momento de la muerte, el Ajustador del Pensamiento pierde
temporalmente la personalidad, pero no la identidad, mientras que el
sujeto humano pierde temporalmente la identidad, pero no la
personalidad. En los mundos de las mansiones, ambos se reúnen en una
manifestación eterna. Un Ajustador del Pensamiento que se ha ido no
regresa jamás a la tierra como si fuera el ser donde residió
anteriormente. La personalidad no se manifiesta nunca sin la voluntad
humana; y un ser humano separado de su Ajustador después de la muerte
jamás manifiesta una identidad activa, ni establece comunicación alguna
con los seres que viven en la tierra. Estas almas separadas del
Ajustador están total y absolutamente inconscientes durante el largo o
corto sueño de la muerte. No puede producirse ningún tipo de
manifestación de la personalidad, ni puede existir aptitud alguna para
comunicarse con otras personalidades, hasta que se haya completado la
supervivencia. A los que van a los mundos de las mansiones no se les
permite enviar mensajes a sus seres queridos. En todos los universos
existe la política de prohibir este tipo de comunicaciones mientras
dura la dispensación en curso.

LOS AJUSTADORES DESPUÉS DE LA MUERTE
Cuando sobreviene la muerte, ya sea de naturaleza material, intelectual
o espiritual, el Ajustador se despide de su anfitrión mortal y parte
para Divinington. Desde las sedes centrales del universo local y del
superuniverso, se establece un contacto reflectivo entre los
supervisores de ambos gobiernos, y el Monitor es registrado como
ausente con el mismo número que se le asignó cuando entró en los
dominios del tiempo.
De alguna manera que no comprendemos plenamente, los Censores
Universales son capaces de apoderarse de un resumen de la vida humana
tal como figura en la transcripción duplicada, efectuada por el
Ajustador, de los valores espirituales y significados morontiales de la
mente en la que residió. Los Censores pueden apoderarse de la versión
del Ajustador sobre el carácter de supervivencia y las cualidades
espirituales del humano fallecido, y todos estos datos, junto con los
registros seráficos, están disponibles para ser presentados en el
momento del juicio del individuo en cuestión. Esta información también
se utiliza para confirmar los mandatos superuniversales que posibilitan
a ciertos ascendentes el empezar inmediatamente su carrera morontial,
después de su disolución mortal, y dirigirse a los mundos de las
mansiones antes de terminar oficialmente la dispensación planetaria.
Después de la muerte física, y salvo para los individuos transferidos
de entre los vivos, el Ajustador liberado se traslada inmediatamente a
su esfera hogar de Divinington. Los detalles de lo que ocurre en ese
mundo mientras se espera la reaparición factual del mortal
sobreviviente, dependen principalmente de si el ser humano asciende a
los mundos de las mansiones por su propio derecho individual, o aguarda
la convocatoria dispensacional de los supervivientes dormidos de una
era planetaria.
Si el mortal asociado pertenece a un grupo que será repersonalizado al
final de una dispensación, el Ajustador no volverá inmediatamente al
mundo de las mansiones del antiguo sistema donde sirvió, sino que
optará por uno de los siguientes destinos temporales:
1. Incorporarse a las filas de los Monitores desaparecidos para efectuar servicios no revelados.
2. Ser asignado durante un tiempo a la observación del régimen del Paraíso.
3. Ser incorporado a una de las numerosas escuelas de instrucción de Divinington.
4. Ser asignado durante un tiempo como observador
estudiantil en una de las otras seis esferas sagradas que constituyen
el circuito de los mundos paradisíacos del Padre.
5. Ser asignado al servicio de mensajeros de los Ajustadores Personalizados.
6. Ser nombrado instructor adjunto en las escuelas
de Divinington, dedicadas a la instrucción de los Monitores que
pertenecen al grupo virgen.
7. Se le encargará seleccionar un grupo de mundos
posibles donde poder servir, en el caso de que existieran motivos
razonables para creer que su asociado humano podría haber rechazado la
supervivencia.
Si
en el momento de ser sorprendidos por la muerte habéis alcanzado el
tercer círculo o un reino superior, y en consecuencia os han asignado
un guardián personal del destino; si éste certifica incondicionalmente
la transcripción final del resumen de vuestro carácter de
supervivencia, presentada por el Ajustador -si el serafín y el
Ajustador concuerdan esencialmente en cada párrafo de sus registros y
recomendaciones referentes a vuestra vida-; si los Censores Universales
y sus asociados reflectivos de Uversa confirman estos datos sin
reservas ni dudas, en ese caso, los Ancianos de los Días envían como un
relámpago, por los circuitos de comunicación que van a Salvington, el
mandato de avanzar de posición. Con esta orden, los tribunales del
Soberano de Nebadon decretan el paso inmediato del alma sobreviviente a
las salas de resurrección de los mundos de las mansiones.
Si el individuo humano sobrevive sin dilación, el Ajustador -así se me
ha dicho- se inscribe en Divinington, se dirige ante la presencia
paradisíaca del Padre Universal, vuelve inmediatamente para ser
abrazado por los Ajustadores Personalizados del superuniverso y del
universo local donde está asignado, recibe la confirmación del jefe de
los Monitores Personalizados de Divinington, y luego pasa
inmediatamente a la "realización de la transición de la identidad".
Desde allí es convocado para que en el tercer período y en el mundo de
las mansiones, habite la forma real de la personalidad preparada para
recibir el alma sobreviviente del mortal terrestre, forma que ha sido
proyectada por el guardián del destino.
LA SUPERVIVENCIA DEL YO HUMANO
El yo es una realidad cósmica, ya sea material, morontial o espiritual.
La realidad del estado personal es un don del Padre Universal que actúa
por sí mismo o a través de sus múltiples agentes universales. Decir que
un ser es personal es reconocer la individualización relativa de ese
ser dentro del organismo cósmico. El cosmos viviente es un conjunto
casi infinito integrado de unidades reales, en el que todas están
relativamente sujetas al destino del todo. Pero las unidades personales
han sido dotadas de la facultad real de elegir entre aceptar o rechazar
su destino.
Lo que procede del Padre es como el Padre, eterno, y esto es tan cierto
para la personalidad, que Dios otorga por su propio libre albedrío,
como para el divino Ajustador del Pensamiento, un fragmento real de
Dios. La personalidad del hombre es eterna, pero en cuanto a la
identidad, es una realidad eterna condicionada. Debido a que ha
aparecido en respuesta a la voluntad del Padre, la personalidad
alcanzará su destino que es la Deidad, pero el hombre tiene que escoger
si estará o no presente en el momento de llegar a ese destino. Si no se
efectúa esa elección, la personalidad alcanzará directamente la Deidad
experiencial, volviéndose una parte del Ser Supremo. El ciclo está
preordenado, pero la participación del hombre en este ciclo es
optativa, personal y experiencial.
La identidad mortal es una condición transitoria de la vida temporal en
el universo. Solamente es real en la medida en que la personalidad
elige volverse un fenómeno contínuo del universo. He aquí la diferencia
esencial entre el hombre y un sistema de energía: el sistema energético
tiene que continuar, no tiene elección; pero el hombre es el que lo
hace todo en la determinación de su propio destino. El Ajustador es
verdaderamente el camino hacia el Paraíso, pero el hombre mismo es
quien debe tomar ese camino por su propia decisión, por la elección de
su libre albedrío.
Los seres humanos sólo poseen la identidad en el sentido material. La
mente material expresa estas cualidades del yo cuando funciona en el
sistema energético del intelecto. Cuando se dice que el hombre tiene
una identidad, se reconoce que posee un circuito mental que ha sido
subordinado a las acciones y elecciones de la voluntad de la
personalidad humana. Pero esta manifestación es material y puramente
temporal, del mismo modo que el embrión humano es una etapa transitoria
parásita de la vida humana. Desde una perspectiva cósmica, los seres
humanos nacen, viven y mueren relativamente en un instante; no son
duraderos. Pero por su propia elección, la personalidad mortal posee el
poder de transferir su sede de identidad del sistema intelectual
material pasajero al sistema más elevado del alma morontial que, en
asociación con el Ajustador del Pensamiento, es creada como nuevo
vehículo para la manifestación de la personalidad.
Este mismo poder de elección, esta señal distintiva universal de las
criaturas con libre albedrío, es lo que constituye la mayor oportunidad
del hombre y su suprema responsabilidad cósmica. El destino eterno del
futuro finalitario depende de la integridad de la volición humana. Para
adquirir la personalidad eterna, el Ajustador divino depende de la
sinceridad del libre albedrío del mortal. Para realizar un nuevo hijo
ascendente, el Padre Universal depende de la fidelidad de la elección
mortal. Para llevar a cabo la evolución experiencial, el Ser Supremo
depende de la constancia y sabiduría de las acciones y decisiones
humanas.
Los círculos cósmicos del crecimiento de la personalidad han de ser
alcanzados finalmente, pero puede suceder que los accidentes del tiempo
y las dificultades de la existencia material os impidan dominar, sin
que haya culpa por vuestra parte, estos niveles en vuestro planeta
natal. Si vuestras intenciones y deseos tienen un valor de
supervivencia, se emitirán unos decretos para prolongar vuestro período
de prueba. Se os proporcionará tiempo adicional para demostrar lo que
valéis.
Si en algún momento hubiera dudas sobre la conveniencia de hacer
avanzar una identidad humana a los mundos de las mansiones, los
gobiernos del universo deciden invariablemente a favor del interés
personal de ese individuo. Elevan sin titubeos ese alma al estado de
ser transicional, mientras continúan sus observaciones sobre sus
intenciones morontiales y sus propósitos espirituales emergentes. Así,
la justicia divina está segura de cumplirse, y la misericordia divina
encuentra una nueva oportunidad para extender su ministerio.

Los gobiernos de Orvontón y Nebadon no pretenden
alcanzar una perfección absoluta en el funcionamiento minucioso del
plan universal de repersonalización de los mortales, pero sí pretenden
manifestar paciencia, tolerancia, comprensión y una simpatía
misericordiosa, y lo hacen realmente. Preferimos asumir el riesgo de
una rebelión en un sistema antes que correr el riesgo de privar a un
solo mortal, que lucha en cualquier mundo evolutivo, de la felicidad
eterna de proseguir la carrera ascendente.
Esto no significa que los seres humanos tengan que disfrutar de una
segunda oportunidad después de haber rechazado la primera, de ninguna
manera. Pero sí significa que todas las criaturas volitivas deben tener
una verdadera oportunidad para hacer una elección indudable, plenamente
consciente y definitiva. Los Jueces soberanos de los universos no
privarán del estado de personalidad a ningún ser que no haya hecho su
elección eterna de manera plena y definitiva. El alma del hombre debe
recibir y recibirá una amplia y plena oportunidad para revelar su
verdadera intención y su propósito real.
Cuando los mortales más avanzados espiritual y cósmicamente mueren, se
dirigen inmediatamente a los mundos de las mansiones. En general, esta
disposición se lleva a cabo con aquellos que han tenido asignado un
guardián seráfico personal. Otros mortales pueden ser detenidos hasta
que se complete el juicio de sus asuntos, después de lo cual pueden
dirigirse a los mundos de las mansiones, o ser asignados a las filas de
los supervivientes dormidos que serán repersonalizados en masa al final
de la dispensación planetaria en curso.
Dos dificultades obstaculizan mis esfuerzos para explicar exactamente
lo que le sucede al yo en la muerte, al yo sobreviviente que es
distinto del Ajustador que se va. Una de ellas consiste en la
imposibilidad de transmitir a vuestro nivel de comprensión una
descripción adecuada de una transacción que tiene lugar en la frontera
de los dominios físico y morontial. La otra se debe a las restricciones
efectuadas por las autoridades celestiales que gobiernan la Tierra
sobre mi misión como revelador de la verdad. Existen muchos detalles
interesantes que se podrían presentar, pero los omito por consejo de
vuestros supervisores planetarios inmediatos. Sin embargo, dentro de
los límites de mis atribuciones puedo exponer lo siguiente:
Hay un elemento real, un producto de la evolución humana, algo
adicional al Monitor de Misterio, que sobrevive a la muerte. Esta
entidad recién aparecida es el alma, y sobrevive a la muerte de vuestro
cuerpo físico y de vuestra mente material. Esta entidad es el hijo
conjunto de la vida y de los esfuerzos combinados del yo humano en
unión con el yo divino, el Ajustador. Este hijo de ascendencia humana y
divina constituye el elemento sobreviviente de origen terrestre; es el
yo morontial, el alma inmortal.
Este hijo, cuyo significado persiste y cuyo valor sobrevive, está
totalmente inconsciente durante el período que transcurre entre la
muerte y la repersonalización, y permanece bajo la custodia del
guardián seráfico del destino durante todo este período de espera.
Después de la muerte, no actuaréis como un ser consciente hasta que
hayáis conseguido la nueva conciencia morontial en los mundos de las
mansiones de Satania.
En el momento de la muerte, la identidad funcional asociada con la
personalidad humana se interrumpe por el cese del movimiento vital.
Aunque la personalidad humana trasciende sus partes constituyentes,
depende de ellas para su identidad funcional. La interrupción de la
vida destruye los arquetipos cerebrales físicos necesarios para la
dotación mental, y la destrucción de la mente pone fin a la conciencia
mortal. Después de esto, la conciencia de la criatura no puede volver a
aparecer hasta que se haya preparado una situación cósmica que permita
a esta misma personalidad humana funcionar de nuevo en relación con la
energía viviente.
Durante
el tránsito de los mortales sobrevivientes entre su mundo de origen y
los mundos de las mansiones, ya sea que experimenten la reconstitución
de su personalidad en el tercer período o que asciendan en el momento
de una resurrección colectiva, el registro de la constitución de la
personalidad es preservado fielmente por los arcángeles en sus mundos
de actividades especiales. Estos seres no son los custodios de la
personalidad (como los serafines guardianes conservan el alma), pero no
es menos cierto que todo factor identificable de la personalidad está
salvaguardado eficazmente por estos fieles depositarios de la
supervivencia mortal. En cuanto a la ubicación exacta de la
personalidad mortal durante el período intermedio entre la muerte y la
supervivencia, no lo sabemos.
La situación que hace posible la repersonalización se produce en las
salas de resurrección de los planetas receptores morontiales del
universo local. Aquí, en las cámaras de recomposición de la vida, las
autoridades supervisoras proveen esa combinación de energía universal
-morontial, mental y espiritual- que permite restituir la conciencia al
sobreviviente dormido. La reunión de las partes constituyentes de una
personalidad, en otro tiempo material, comprende:
La fabricación de una forma apropiada, de un arquetipo morontial de
energía, con la cual el nuevo sobreviviente pueda establecer contacto
con la realidad no espiritual, y dentro de la cual la variante
morontial de la mente cósmica pueda conectarse con sus circuitos.
El retorno del Ajustador a la criatura morontial que espera. El
Ajustador es el custodio eterno de vuestra identidad ascendente.
Vuestro Monitor representa la seguridad absoluta de que sois vosotros
mismos, y no otro, quienes ocuparéis la forma morontial creada para el
despertar de vuestra personalidad. Y el Ajustador estará presente en la
reconstitución de vuestra personalidad para retomar el papel de guía
paradisíaco de vuestro yo sobreviviente.
Cuando se han reunido estos requisitos previos para la
repersonalización, el custodio seráfico de las potencialidades del alma
inmortal dormida, con la asistencia de numerosas personalidades
cósmicas, confiere esta entidad morontial a la forma corporal y mental
morontial que está esperando; al mismo tiempo, encomienda este hijo
evolutivo del Supremo a la asociación eterna con el Ajustador que
espera. Y esto completa la repersonalización, la reconstitución de la
memoria, del discernimiento y de la conciencia -la identidad.
El hecho de la repersonalización consiste en la toma de posesión, por
parte del yo humano que despierta, de la fase morontial de la mente
cósmica, recién segregada y conectada con los circuitos. El fenómeno de
la personalidad depende de la persistencia de la identidad de reacción
del yo al entorno universal; y ésta sólo puede realizarse por
intermedio de la mente. La individualidad persiste a pesar de un cambio
contínuo en todos los factores que componen el yo; en la vida física el
cambio es gradual; en el momento de la muerte y de la
repersonalización, el cambio es repentino. La verdadera realidad de
toda individualidad (personalidad) es capaz de reaccionar adecuadamente
a las condiciones del universo gracias a los cambios incesantes de sus
partes constituyentes; el estancamiento acaba inevitablemente en la
muerte. La vida humana es un cambio perpétuo de los factores de la
vida, unificados por la estabilidad de la personalidad invariable.
Cuando os despertéis así en los mundos de las mansiones de Jerusem,
estaréis tan cambiados, vuestra transformación espiritual será tan
grande que, si no fuera por vuestro Ajustador del Pensamiento y el
guardián del destino, que conectarán tan plenamente vuestra nueva vida
en los nuevos mundos con vuestra antigua vida en el primer mundo, al
principio tendríais dificultades para relacionar vuestra nueva
conciencia morontial con la memoria recobrada de vuestra identidad
anterior. A pesar de la continuidad del yo personal, una gran parte de
la vida mortal parecerá al principio un vago sueño confuso. No
obstante, el tiempo clarificará muchos recuerdos asociados con vuestra
vida mortal.
El Ajustador del Pensamiento sólo os recordará y repetirá los recuerdos
y experiencias que forman parte esencial de vuestra carrera universal.
Si el Ajustador ha participado como asociado en la evolución de alguna
cosa en la mente humana, estas experiencias valiosas sobrevivirán en la
conciencia eterna del Ajustador. Pero una gran parte de vuestra vida
pasada y de sus recuerdos, que no han tenido significado espiritual ni
valor morontial, perecerá con el cerebro material. Muchas experiencias
materiales desaparecerán como antiguos andamios que os sirvieron de
puente para pasar al nivel morontial, pero que ya no tienen utilidad en
el universo. Pero la personalidad y las relaciones entre personalidades
nunca son andamios; la memoria mortal de las relaciones entre
personalidades tiene un valor cósmico y persistirá. En los mundos de
las mansiones, no solamente conoceréis y seréis conocidos por aquellos
que fueron vuestros asociados en la corta pero misteriosa vida en la
Tierra, sino que los recordaréis y se acordarán de vosotros.
Fuente: El Libro de Urantia


"...El
gobierno oculto está permitiendo liberar y publicar toda la
información, sobre sus actos y planes, a través de ciertas personas
(conscientes o no). Su pretensión es tenernos aún más asustados..."
"...Si
vamos a difundir noticias inquietantes, hagámoslo con Amor.
Teniendo la certeza absoluta de que la Luz, muy pronto, brillará entre
las tinieblas. Borrando para siempre la ignorancia a la que nos tienen
sometidos..."
Somos
Luz y Amor. No permitamos que nos oscurezcan.
GRACIAS
A TODOS POR SER LA LLAMA EN LA OSCURIDAD...
JL
NAROM.
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